Exposición realizada en el Centro Cultural Marcos Valcárcel de Ourense. Me interesa el arte como medio de expresión de emociones, como un forma más de diálogo en la que sean visibles nuestras inquietudes y nuestros pensamientos.

Las obras que creamos son reflejo de nuestros deseos o recuerdos reelaborados, como hacemos con los sueños. Al objetivarlos, al darles corporeidad más allá de la evanescencia de nuestra mente, permite enfrentarnos a ellos en la vida real. Esto es reflejo de una necesidad emocional, la de comprendernos.

Las figuras “gordas” en realidad las visualizo como montañas. Tienen apariencia real, pero son imágenes condensadas como las de los sueños. Desde nuestra óptica de durmiente, las imágenes de nuestra mente son perfectamente reales y lógicas. Desde la perspectiva de vigilia, esas inocentes imágenes las reconocemos formadas por multitud de experiencias personales diferentes. Resulta fascinante tratar de descifrar este código de lenguaje entre nuestras emociones y nuestra razón. Algo así ocurre con estas obras y dudamos, por ejemplo, si son hombres, mujeres, jóvenes o viejos. En realidad son una mezcla de todo a la vez, como cualquier imagen obsesiva. A pesar de ser vitales, non dejan de tener gran rigor arquitectural.

Desde otra óptica, son una especie de diosas madre, de espíritus de las montañas, algo telúrico reflejo de mi paisaje de infancia. A parte de la evidente apariencia humana, en general femenina, evocan cierta orografía que varía su formato según las distintas épocas en que las realicé. Fueron cambiando, desde formas explosivas hasta formatos rectangulares, cuadrangulares o totalmente encartadas sobre sí mismas. Non deja de ser curioso que algo en apariencia tan simple (una persona cambiando de postura) me ejerza esta fascinación durante tantos años y la aborde siempre como un problema formal nuevo.

Pigmalión y Galatea
Recuerdos de otros tiempos
La aparición
El monje
Transportando el mundo
La despensa
El baño de Susana
El fanfarrón
El dolor