Exposición patrocinada por la Universidad de Vigo, realizada en la Sala Alterarte del Campus de Ourense. Esta exposición es la escenificación de un relato. La posibilidad de contar conforma la historia del arte desde las venus prehistóricas a los pasos de Semana Santa. El objeto artístico es un fetiche cargado de la cosmovisión de sus autores. Tiempo atrás creíamos que lo que constituía el arte eran solo impresiones emocionales que no necesitaban de la literatura, pero sin un relato previo lo cierto es que el objeto artístico es en gran parte mudo.

En esta exposición, en la historia que propongo, se mezclan pasado y futuro, el miedo y la realidad del protagonista. Los distintos colores subrayan las dos realidades en que vive el sujeto. El monócromo transcurre en su mente y el polícromo es su realidad objetiva, que a su vez no deja de ser una fantasía para nosotros. Sin una fantasía en la que creamos es imposible crear un relato de nuestra experiencia vital y sin él nuestra cultura no existiría tal como la conocemos.

Por último querría referirme a los espejos. Los espejos subrayan, no lo real, sino cómo interpretamos la realidad. Sin una idea previa no hay valoración de lo que vemos. Por supuesto, el espejo como tal no existe. Es una convención que aceptamos que este rectángulo negro delante de la obra lo es. En cierto modo nosotros somos el espejo y a la vez el personaje que se mira, ya que interpretamos lo que este siente al verse reflejado.

Como síntesis final, podríamos, en este contexto, parafrasear a Calderón y utilizar su frase “La vida es sueño y los sueños, sueños son”.

Un hombre se mira al espejo y no se gusta 80 x 50 x 40 cm.
Esto es a lo que llegará 80 x 80 x 40 cm.
La vida es devenir 80 x 50 x 40 cm.
Pero el proceso sigue su curso 55 x 50 x 40 cm.
Decide ponerle remedio 55 x 50 x 40 cm.
Se recuerda años atrás 80 x 80 x 40 cm.